Transición a la democracia

Personaje o figura - El papel de Adolfo Suárez

Juan Carlos nombró a Suárez como Presidente de España después de la muerte de Franco. Aceptó la oferta del Rey para presidir un nuevo gobierno, diciendo “ya era hora” porque hacía meses que corrían voces que Suárez iba a ser Presidente y ya que Arias Navarro era un cadáver político desde hacía mucho tiempo. No obstante, esta decisión fue representada negativamente en la prensa puesto que había servido en las cortes franquistas. Titulares tal como “qué error, qué inmenso error” demostraron el sentimiento que el nombramiento de Suárez fue “un paso atrás”. Incluso babía quienes dijeron que sería mejor que el Rey nombrara a Manuel Fraga ya que se le conocía como un reformista.

Por otro lado, aunque a los Franquistas no les gustara que Navarro hubiera dimitido, estuvieron contentos que Suárez porque un derechista había sido nombrado, así que otorgaron a Juan Carlos el beneficio de la duda. Por está razón, el nombramiento de Suárez resultó ser tan eficaz y el Rey había tomado una buena decisión después de todo. ya que Suárez resultó ser un hombre que entendía el sistema administrativo del país y comprendía que tenía que introducir reformas, pero al mismo tiempo era consciente de la necesidad de evitar cambios demasiado radicales o rápidos.

En 1976, introdujo las reformas políticas que llevaron a la celebración de elecciones generales libres el 15 de junio de 1977, por primera vez en España desde 1936. Por añadidura, fue elegido por el pueblo y en 1979 logró ganar por segunda vez. Esto demuestra que Suárez no era “más de lo mismo”. Sin embargo en 1981, decidió dimitir debido a muchos factores, incluyendo su creciente debilidad en el seno de su propio partido, las amenazas militares y un distanciamiento entre Suárez y el Rey.

En general, la transición fue un proceso extraordinario y se puede afirmar que Suárez fue el hombre principalmente responsable, junto con el Rey, de erigir la estructura de la democracia, aunque finalmente no resultó ser el hombre ideal para continuar siendo el guardián de la democracia.